Día de la Industria en Argentina

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El día 2 de septiembre se celebra anualmente el Día de la Industria en Argentina. La fecha se fijó en celebración de la misma fecha del año 1587, cuando se produjo la primera "exportación" argentina. Su historia es la siguiente.


Comienzos de la colonización del Tucumán

La conquista de América estuvo signada por la búsqueda del oro y la plata indígenas y las consiguientes luchas por los cargos militares, políticos y religiosos que permitían su apropiación. El camino de la colonización recién quedó expedito cuando los conquistadores abandonaron la búsqueda de la opulenta Ciudad de los Césares, comenzaron a ponerse en vigor las leyes (aunque con grandes dificultades, como veremos enseguida), se aprovecharon las producciones naturales y se implantaron otras nuevas en el territorio. A partir de ese momento la codicia encontraría otros caminos.

El iniciador de la colonización del Tucumán (actuales Jujuy, Salta, Catamarca, Tucumán, La Rioja, Santiago del Estero y Córdoba), fue el Gobernador (1584-1593) Juan Ramírez de Velasco (Juan de Garay cumplió similar cometido en la región del Río de la Plata). Para ello priorizó terminar con los abusos de los encomenderos. El principal era la venta de los indígenas o el alquiler de su mano de obra, pese a su expresa prohibición por las Leyes de Indias. En el informe al rey Felipe II del 10 de febrero de 1589 expresa que al hacerse cargo:

allo esta gobernación con mas de seis mill yndios ausentes y muertos por no aver puesto los governadores rremedio para ello y entre otras hordenazas que tengo puestas para el buen govierno desta tierra tengo mandado que no salga yndio della sin registrarse y que buelban dentro de seis meses so pena de cien pesos ensayados para la camara juez o denunceador. (Zenarruza, pp. 110‑120 y 155‑157.)

La argucia de los encomenderos era simular la salida temporaria de los indígenas, supuestamente en cumplimiento de tareas normales, para luego desarraigarlos definitivamente de sus asentamientos y familias. Para evitarlo Ramírez de Velasco creó el cargo de Alcalde de Sacas para controlar la salida y regreso de indígenas, cuya ausencia no debía exceder 6 meses. Fijó también un elevado depósito de garantía, comparable a su valor de "venta", el que sólo era devuelto cuando los Jueces de Registro certificaban el regreso del indígena a su asentamiento habitual. La ilegal venta de indígenas estaba rigurosamente castigada por las leyes de Indias, así que el único valor de venta que podía tomarse como referencia (probablemente el mismo que usaban los transgresores) era el de los esclavos africanos.

Otro problema hallado por Ramírez de Velasco fue que, pese al prioritario mandato real de evangelizar a los indígenas, faltaban sacerdotes. Las únicas tres poblaciones del Tucumán hasta 1570 —Santiago del Estero (fundada en 1553), San Miguel de Tucumán (1565) y Nuestra Sra. de Talavera del Esteco (1567)— dependían del Obispado de Santiago de Chile. Sobraban frailes y clérigos en la próspera Lima, pero pocos o ninguno quería pasar penurias y arriesgar el pellejo en las míseras tierras de los belicosos indios juríes. Para resolver el problema, a pedido del Rey Felipe II, el Papa Pío IV creó el 14 de mayo de 1570 la Diócesis de Tucumán dependiente del Arzobispado de Lima. La designación de su primer obispo estuvo plagada de problemas hasta la asunción del quinto candidato, el sacerdote dominicano Francisco de Victoria, o Vitoria, como probablemente se escribía en su Portugal natal. No debe confundirse a este obispo con el homónimo Francisco de Vitoria (1486-1546), también sacerdote dominico, nacido en la ciudad vasca de Vitoria, catedrático de la Universidad de Salamanca al que se considera fundador del Derecho Internacional, quien ya había fallecido. Este último Vitoria hizo la justificación jurídica de la conquista al afirmar el "derecho natural" de los conquistadores y colonizadores europeos a viajar, habitar, evangelizar y comerciar en América, sin poder los nativos oponerse a ello.

El obispo Francisco de Victoria

La antigua catedral de Santiago del Estero, en 1672,
dibujo de Melchor Suárez de la Concha (AGN).

La formación de Victoria para el cargo debe haber sido escasa, a juzgar por su participación en el III Concilio de Lima de 1582, donde se discutió el problema de la atención de los indígenas. Debe haber tenido poderosos protectores ya que tenía lo que en la época eran graves impedimentos para su designación: haber desempeñado oficios viles (de joven fue grumete, mozo de cuadra y empleado de tienda) y ser de familia judía (uno de sus hermanos fue condenado por la Inquisición). Luego de pasar más de un año en diligencias desconocidas en Lima, Potosí y otros lugares del Virreinato del Perú (quizás estableciendo los que probarían ser fructíferos contactos comerciales), el obispo llegó a su diócesis recién para la fundación de la Ciudad de Lerma en el Valle de Salta, el 16 de abril de 1582. Esta fundación fue hecha "sin fundamento", como se decía en la época, por no tener suficientes asentamientos indígenas sometidos que le dieran el indispensable aprovisonamiento y mano de obra. Así como la posterior de Jujuy, la fundación de la actual capital de la provincia de Salta obedeció a la necesidad comercial de dar escalas para el tráfico entre el Tucumán y el Perú.

Ya instalado en su sede de Santiago del Estero, una de las primeras accciones del obispo fue pedir al Gobernador del Río de la Plata, Juan de Garay, permiso para circular libremente al Brasil (Lobo, p. 434), solicitud cuyos propósitos se harán evidentes de inmediato. Durante los primeros años en su cargo dedicó la mayor parte del tiempo a actividades comerciales, especialmente en la rica ciudad minera de Potosí, ausentándose del Tucumán por largos períodos. En ocasión de una grave escasez de alimentos, Ramírez de Velasco dictó una resolución prohibiendo la salida del Tucumán de cabras, ovejas, vacas y caballos, en especial las hembras, para asegurar la subsistencia de los colonos y favorecer la multiplicación de los ganados. Como el obispo quería vender en Potosí una tropilla de 1500 vacunos, presentó una queja a la Audiencia de Charcas, la que le autorizó a hacerlo interfiriendo con las atribuciones naturales del Gobernador.


En sucesivos informes al Rey Felipe II (cuyos originales están en los Archivos de Indias) el Gobernador Ramírez de Velasco señaló que el obispo: era malquerido por los vecinos (mal quisto de toda la tierra); con sus malos tratos ahuyentaba a los sacerdotes; excomulgaba a quienes lo contradecían (caso del Gobernador que lo fue tres o cuatro veces); no se lo veía ni en la iglesia, ni en el púlpito, ni en procesiones, ni en colectas, ni en tareas de conversión de indígenas; su conducta más parecía la de un mercader que la de un sacerdote; no adoctrinaba los indígenas sino los explotaba; cobraba comisiones por conseguir mercedes reales; hacía caso omiso de los concubinatos de los españoles contra pago en efectivo; y muchas otras tropelías. El Gobernador estimaba que el obispo Victoria había desarraigado, en su propio y exclusivo beneficio, unos 4.000 indígenas del Tucumán. Hizo la denuncia al Rey y acompañó declaraciones de alcaldes y jueces probando que Victoria había falsificado registros oficiales para lograr sus fines.

La primera "exportación" del actual territorio argentino

Fraile castigando a indígena, dibujo de Waman Poma.

En 1585 el obispo Victoria comisionó al Tesorero de la Iglesia y a un sirviente personal para traer mercaderías del Brasil, los que partieron del puerto de Buenos Aires el 20 de octubre de ese año. Luego de grandes dificultades, tanto en el viaje de ida como en el de vuelta, sus emisarios pudieron llegar con las mercaderías a la boca del Río de la Plata. Allí los abordaron tres barcos del noble pirata inglés lord Clifford, quien los despojó de todos los bienes de algún valor (incluidas las ropas de viajeros y tripulantes) ocasionando al obispo y sus socios la pérdida de unos 120.000 ducados (cerca de media tonelada de oro, unos 9 millones de dólares de 2007). El despojo incluyó unos 40 de los 90 esclavos africanos comprados en Brasil, dejando los piratas los 50 restantes por no tener provisiones suficientes para alimentarlos. Los dos navíos, abastecidos sólo con un barril de agua y otro de harina, lograron finalmente arribar a Buenos Aires el 20 de enero de 1587, 15 meses después de su partida.

El obispo esperó a sus emisarios y esclavos en Córdoba, cuyas autoridades previnieron al gobernador Ramírez de Velasco del intento de pasar los esclavos al Perú para venderlos allí. Reclamada la autorización pertinente, que el obispo no tenía, los esclavos fueron confiscados para la corona por Ramírez de Velasco. El airado obispo reclamó su devolución a la Audiencia de Charcas (donde evidentemente tenía muy buenos amigos), pedido que le fue prontamente concedido sin atender los argumentos del gobernador ni condenar las difamaciones que el obispo le había hecho. Poco después de la pérdida de su primer envío (evidentemente estaba muy bien aprovisionado), el obispo envió al puerto de Buenos Aires 30 carretas cargadas de productos indígenas recolectados por los sacerdotes que los adoctrinaban. Según Furlong, el cargamento consistía en 25 pabellones (probablemente cortinas para camas y altares), 38 frazadas, 51 cubrecamas, 180 costales, 212 sombreros, 526 pieles curtidas de cabrita, 546 metros de tela burda de lana, 571 metros de tela de algodón, 581 metros de tela delgada de lana y 1824 kilogramos de lana. El valor de estos bienes era aproximadamente medio millón de dólares de 2008. Victoria envió asimismo al Brasil, informa Ramírez de Velazco, mucha más plata y oro que la que declaró, sacándolos del territorio sin pagar el porcentaje que le correspondia al rey (el quinto real). Este segundo barco, que partió de Buenos Aires el 2 de septiembre de 1587, cumplió exitosamente la misión comercial que algunos consideran la primera "exportación industrial" argentina.

Finalmente Toribio de Mogrovejo, entonces arzobispo de Lima y luego canonizado como santo, recomendó al rey la renuncia de Victoria por incumplimiento de sus funciones religiosas (los reyes de España tenían el patronato real, el derecho de nombrar obispos). Por Real Cédula del 28 de noviembre de 1590 el Rey Felipe II lo conminó a través del virrey del Perú García Hurtado de Mendoza, a que enmendara su conducta o renunciara. Victoria renunció recién en 1591, regresando a España donde se recluyó en un convento de Madrid hasta su muerte en 1592.

La finalidad del obispo Victoria, como la de la mayoría de los encomenderos de la época, no era la prosperidad de los indígenas encomendados o reducidos, sino la propia. Para este fin la única inversión justificada era en los medios (las carretas y los barcos) para llevar la riqueza generada por los indígenas a sus mercados, no para la mejor multiplicación del producto por el esfuerzo humano. Algunos historiadores como Flores Canclini justifican el comportamiento del obispo por su humilde origen y el haber dejado bien dotada las arcas eclesiásticas. En cualquier caso es evidente que las preocupaciones del obispo eran más materiales que espirituales, que hizo poco o nada por el progreso de su feligresía y que abusó de las prerrogativas de su cargo. Es lamentable que los mal informados industriales y autoridades argentinas hayan fijado el 2 de septiembre, día de la partida de la segunda remesa de productos expoliados a los indígenas y metales preciosos contrabandeados del Potosí, como Día de la Industria. La fecha representa los peores comportamientos empresarios: la explotación de los trabajadores, la burla de la ley y la codicia desenfrenada.

Fuentes

  • Alén Lescano, Luis C.; Artesanía y exportación durante la dominación hispana. En revista Todo es Historia; Edit. Todo es Historia SA; Buenos Aires; ISSN 00408612; Nº 124, septiembre de 1977; pp. 8‑16.
  • Flores Canclini, Jorge Gustavo: El obispo don fray Francisco de Vitoria: converso, comerciante y pastor; conferencia dada en el Club 20 de Febrero de la ciudad de Salta; 5 de septiembre de 2002.
  • Furlong, Guillermo; Historia social y cultural del Río de la Plata. El trasplante social; Tipográfica Editora Argentina; Buenos Aires; 1969, p. 565.
  • Lobos, Héctor; Conquista y fundaciones en las gobernaciones del Tucumán y Río de la Plata, en Nueva Historia de la Nación Argentina, tomo I; Academia Nacional de la Historia; Buenos Aires; 199?.
  • Molina, Raúl A.; Las primeras experiencias comerciales del Plata. El comercio marítimo 1580-1700; Buenos Aires; 1966.
  • Muñoz Moraleda, Ernesto; Presencia de Santa Fe en la apertura comercial del Tucumán: la primera expedición de fray Francisco de Victoria (1585-1587); Noveno Congreso Nacional y Regional de Historia Argentina; Buenos Aires; 1996.
  • Solivérez, Carlos E.; El primer "empresario industrial" argentino; diario Río Negro; General Roca (Pcia. de Río Negro); 2 de diciembre de 2006.
  • Zenarruza, Jorge G. C.; Crónicas (útiles para una futura historia de Jujuy, estado federal argentino); Instituto de Estudios Iberoamericanos, vol. IX, tomo III; Buenos Aires; 1994.

Véase también