El entonces gobernador de [[Provincia de Jujuy|Jujuy]] [[Benjamín Villafañe Chaves|Benjamín Villafañe]] dio en su libro [[VillafañeB2 MPR|''Miseria de un país rico'']] una vívida muestra de la ideología industrialista de los militares en la década de 1925. Transcribe allí (pp. 106‑145) un discurso del coronel Luis E. Vicat en el Círculo Militar. En él se expone con todo detalle y claridad cómo la defensa del país ante sus enemigos exteriores requería inexorablemente su industrialización, el —en la frase del entonces presidente Marcelo T. de Alvear— ''bastarnos a nosotros mismos''. Señala allí Vicat, por ejemplo, que
:''Actualmente nuestras principales riquezas son la ganadería y la agricultura y, sin embargo, no podemos desarrollarlas sin el auxilio de los elementos importados: desde el alambre para los cercos hasta los medios de transporte que llevan sus productos al mercado; desde el más sencillo arado o herramienta, hasta las modernas trilladoras; desde el medicamento para la sarna de las ovejas hasta las lonas para tapar las parvas o los elementos para combatir la langosta. Para establecer cualquier industria, y aún para mantener las que ya existen, necesitamos comprar en el extranjero la maquinaria, los combustibles, los lubrificantes, las piezas de repuesto y, muchas veces, hasta las mismas materias primas aunque existan en nuestro suelo, como ser la madera para las construcciones. Para explotar nuestras minas, navegar nuestros rios, construir nuestros puertos, puentes, caminos, telégrafos, teléfonos y ferrocarriles, nuestras aeroplanos, automóviles y mil otras cosas más, necesitamos recurrir al extranjero. Para nuestros empréstitos, para imprimir o acuñar nuestra moneda; para mejorar nuestros trigos, linos, maíces y ganados; para estudiar nuestro suelo. Para organizar la explotación de cualquier riqueza, para hermosear nuestras ciudades, para curar a nuestros enfermos y para otras múltiples incidencias de la vida diaria recurrimos constantemente a la importación de hombres, de ideas, de rutinas, de capitales o de materiales extranjeros. Como si fuésemos alguna [[raza ]] inferior, incapaz de vivir sin tutela, incapaz de aprender, de progresar, de inventar, de proceder. Hasta para adquirir los elementos indispensables para asegurar la defensa nacional armada tenemos que recurrir a la buena voluntad y a la complacencia del extranjero. ¡Parece que fuésemos ciegos o incapaces de ver el peligro que esto entraña!
En 1923, siendo Agustín P. Justo Ministro de Guerra del presidente Marcelo T. de Alvear, obtuvo la aprobación de la Ley Nacional Nº 11266 de armamentos, llamada Ley Justo. El Congreso Nacional le otorgó la entonces enorme suma de $ 100 millones (USD 78 millones de esa época) para el equipamiento del ejército. Se formó entonces una Comisión de Adquisiciones en el Extranjero cuyos miembros se radicaron alguños años en Europa para negociar la compra de material de guerra. En algún momento parte de los fondos se usaron para la fundación, en 1927, de la [[Fábrica Militar de Aviones]], que tendría una destacada trayectoria en la generación de los saberes para la fabricación de motores y vehículos de todo tipo.
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Industrialismo militar en Argentina

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